Los años son guerreros, que separan a la doncella del caballero,
son bestias sanguinarias que atrofia al amor verdadero.
Arsénico y azufre son hermanos del chisme y desenfreno,
que quiere extinguir el fuego de nuestros labios,
pero puritana lengua de los impíos que describen en desmedro,
en desmedro de nuestro amor, que fue augurio de los sabios.
Quien soporta tan ferrosos e incansables daños,
solo aquellos amores, que se vuelven rebeldes por loa años.
Somos los colores del viento, fantasiosos y angelicales,
quimera de los hombres, apología de nuestros rivales.
Efímero y solariego es el canto del ruiseñor,
que anuncia la muerte de los años, entre Dama y Señor.
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